lunes, 10 de agosto de 2009

El Natre retrospectivo I, 2002-2005


El primer asomo de "El Natre" tiene que ver ineludiblemente con el año 2002. En ese entonces (a mediados de enero) comenzó su segunda etapa de vida el programa Americanto en Radio Nuevo Mundo y a los pocos meses tuve ocasión de entrevistar a Guillermo García, en ese entonces desafectado integrante de Quilapayún. Al saber que venía por un mes a Chile nació la idea de armar un concierto. Se hizo en agosto de ese año en la Sala Master y el propio Guillermo gestionó otro en la Municipalidad de El Bosque. Se armó un notable elenco de músicos acompañantes (Lautaro Quevedo en piano, Cristián Moraga en percusiones, Leonardo Baeza en flauta traversa, Ángel Cardenas en cello, Antonio Vásquez en instrumentos latinoamericanos) gracias en gran parte a la habilidad de Patricio Hewstone, sobrino de Guillermo y destacado bajista. Los conciertos fueron un éxito, tuve la posibilidad de conocer y hacer buenas migas con Rodrigo Roco, en ese entonces encargado de la Sala Master y, por supuesto, fue el comienzo de una permanente amistad con Guillermo García. Pura ganancia. El excedente monetario quedó en "La mitad del mundo", juas. Como no había nombre inventado el organizador fue "NCCH 2002" (en alusión evidente a la Nueva Canción Chilena). De esta experiencia, además, surgió la posibilidad de apoyar en la difusión a Antonio Vásquez con un concierto que hizo a inicios de 2003 en la sala SCD. A fines de ese año ayudé con la difusión del lanzamiento del primer disco de Los Porfiados de la Cueca ("Las cuecas contraatacan") y un poco antes fue el comienzo de la amistad con el Cuncumén, luego (otra vez) de una entrevista pal Americanto por el lanzamiento de "Puro Neruda". Justamente para ese disco eché una mano en el trabajo de prensa. Sería sólo el comienzo.

José Luis Hernández.
En 2004 ya estaba embarcado en la investigación sobre Rolando Alarcón por iniciativa de Carlos Valladares, con quien quedamos de escribir a medias la biografía del creador y maestro normalista. A comienzos de julio caí en cuenta de que el 5 de agosto se cumplían 75 años de su natalicio, así que rápidamente se montó el espectáculo de aniversario, esta vez en una sala llamada Pedro Aguirre Cerda, donde mismo habían lanzado su disco Los Porfiados. Esa vez resultaron vitales los buenos oficios de doña Maruja Sánchez para gestionar la sala y el apoyo del departamento de cultura del Colegio de Profesores, en ese entonces a cargo de Loreto Muñoz. Cantaron de pura buena onda los Cuncumén, José Luis Hernández (solista del Bafona y amigo y discípulo de Alarcón) y el dúo Los Emigrantes (Valladares y Enrique San Martín, acompañantes de Alarcón), que se reunió especialmente para la ocasión. Fue un verdadero lujo tenerlos a todos en esa sala y hacer el primer reconocimiento a Alarcón en quién sabe cuánto tiempo.

2005 era el año reservado para el cincuentenario de Cuncumén. A comienzos de ese año se armó una comisión de trabajo para desarrollar una serie de iniciativas con un equipo multidisciplinario. Paulatinamente la cosa se fue desinflando y llegando a julio me di cuenta que no pasaba nada con los "organizadores" mientras el grupo estaba de cabeza grabando un nuevo disco para Alerce. La única solución, entonces, era tomar el toro por las astas y hacer lo que se pudiera. Resultó un concierto en la Sala Isidora Zegers, como una manera de testimoniar la importancia de la Universidad de Chile en la historia del grupo, un muy lindo concierto a medias en la Sala Telefónica con el Ensamble Tradicional Chileno y el gran concierto de aniversario, realizado finalmente el 3 de noviembre en el Teatro Providencia de una manera casi irresponsable. Hasta cheques familiares debieron entrar a la pelea para poder hacerlo. Se inventaron convenios 2x1 con los lectores de El Mercurio, nuevamente apoyó el Colegio de Profesores (esta vez bajo la dirección de doña Olimpia Riveros) y el grupo tuvo su gran fiesta. El presentador fue José Miguel Varas, quien al año siguiente recibiría el Premio Nacional de Literatura. Esa monumental experiencia fue, de alguna manera, el cierre del primer ciclo vital de El Natre.

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