Arriba en la cordillera
(Patricio Manns)
¿Qué sabes de cordillera
si tú naciste tan lejos?
Hay que conocer la piedra
que corona el ventisquero,
hay que recorrer callando
los atajos del silencio
y cortar por las orillas
de los lagos cumbrereños:
mi padre anduvo su vida
por entre piedras y cerros.
La Viuda Blanca en su grupa
–la maldición del arriero–
llevó mi viejo esa noche
para arrear ganado ajeno.
Junto al paso de Atacalco
a la entrada del invierno
le preguntaron a golpes
y él respondió con silencios:
los guardias cordilleranos
clavaron su cruz al viento.
Los Ángeles, Santa Fe
fueron nombres del infierno:
hasta mi casa llegaba
la ley buscando al cuatrero.
Mi madre escondió la cara
cuando él no volvió del cerro
y arriba en la cordillera
la noche entraba en sus huesos:
él que fue tan hombre y sólo
llevó a la muerte en su arreo.
Nosotros cruzamos hoy
con un rebaño del bueno
arriba en la cordillera,
no nos vio pasar ni el viento.
Con qué orgullo me querría
si ahora llegara a saberlo
pero el viento no más sabe
donde se durmió mi viejo
con su pena de hombre pobre
y dos balas en el pecho.
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Casamiento de negros
(Violeta Parra - tradicional)
Se ha forma’o un casamiento
todo cubierto de negro:
negros novios y pairinos,
negros cuña’os y suegros.
El cura que los casó
era de los mesmos negros.
Cuando empezaron la fiesta
pusieron un mantel negro.
Luego llegaron al postre,
se sirvieron higos secos.
Y se fueron a acostar
debajo de un cielo negro.
Allí están las dos cabezas
de la negra con el negro,
amanecieron con frío,
tuvieron que prender juego.
Carbón trajo la negrita,
carbón que también es negro.
Algo le duele a la negra.
Vino el médico del pueblo.
Recetó emplastos de barro,
pero del barro más negro,
que le dieran a la negra
zumo de maqui del cerro.
Ya se murió la negrita,
qué pena pa’l pobre negro.
La puso a’entro de un cajón,
cajón pinta’o de negro.
No prendieron ni una vela:
¡ay, qué velorio más negro!
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La Muralla
(Nicolás Guillén - Quilapayún)
Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos
los negros, sus manos negras
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte.
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—Una rosa y un clavel...
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El sable del coronel...
—¡Cierra la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—La paloma y el laurel...
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El gusano y el ciempiés...
—¡Cierra la muralla!
Al corazón del amigo:
abre la muralla;
al veneno y al puñal:
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena:
abre la muralla;
al diente de la serpiente:
cierra la muralla;
al corazón del amigo:
abre la muralla;
al ruiseñor en la flor…
Alcemos esta muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte.
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Adiós Santiago querido
(Segundo Zamora)
Adiós Santiago querido,
adiós, Parque Forestal, sí, ay, ay, ay (x2)
Cerro de Santa Lucía,
también la Quinta Normal, sí, ay, ay, ay.
Adiós Santiago querido, sí, ay, ay, ay
Adiós calle San Pablo
con Matucana,
donde toman los guapos
en damajuana, sí, ay, ay, ay
Adiós, calle San Pablo
con Matucana, sí, ay, ay, ay
En Damajuana, ay sí
Parque Cousiño,
donde toman los huasos,
también los niños, sí, ay, ay, ay
En la calle Bandera
alguien me espera.


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